Al levantarse ese día Ximena no sospechaba que los frenos de su auto iban a fallar; como no sabía nada de mecánica había sido precavida, por lo que la semana anterior a su viaje lo había llevado a su concesionario de confianza para una revisión técnico-mecánica, esto a pesar de tratarse de un carro relativamente nuevo. Al finalizar la revisión le aseguraron que todo estaba en perfecto estado y que podía viajar con toda confianza.
María y Jorge por su parte, no sospechaban que el carro de Ximena, o cualquier otro, pudiera terminar ese día, o cualquier otro, en medio de la sala de su casa, acabando con sus muebles y el televisor recién comprado. A pesar de llevar 20 años viviendo cerca de una curva a un costado de la autopista, era el primer accidente que ocurría por allí desde que ella y su marido decidieron comprar el lote y construir la casa. Luego de tantos años en aquel lugar, la experiencia les indicaba que accidentes como aquel simplemente no podrían ocurrir.
Por suerte, a pesar del susto y salvo unas leves contusiones en los brazos de Ximena, nadie resultó herido.
El informe pericial sobre el accidente, realizado por la compañía de seguros, llevó a concluir que el computador del auto de Ximena fue la causa del problema en los frenos. Sucedió un error muy poco común, provocado por una falla del proceso de fabricación, aceptable bajo parámetros Six Sigma[1], imperceptible para cualquier revisión técnica que se le hubiera realizado al vehículo. Como resultado del informe, la compañía de seguros reconoció el valor total del vehículo y por consiguiente Ximena obtuvo un vehículo totalmente nuevo.
Por otro lado, el mismo informe indicó que el sitio donde estaba ubicada la casa de María y Jorge, tan cerca de la autopista y justo en medio de una curva, era un lugar de alto riesgo de accidente y que la vivienda no cumplía los parámetros de ninguna norma constructiva aceptable; y ello sin contar que los documentos que acreditaban la propiedad del predio no estaban totalmente en orden.
Empiezo por afirmar que percibir un riesgo no significa que este en realidad exista, así como no percibirlo no significa lo contrario.




Empiezo con una afirmación: Aun la mejor estrategia será inefectiva si no se cuenta con la estructura necesaria para llevarla a cabo. O, dicho de otra manera, una gran estrategia adquiere su real valor cuando la organización se prepara y distribuye sus componentes de la forma adecuada para implementarla.
Estoy seguro que soy uno de muchos a quienes, de pequeño, su papá (o su mamá tal vez) les llegó a decir, “mijo, a usted uno le dice algo por un oído y le sale por el otro”. Pero en mi caso, a veces ni siquiera me entraba por un oído, lo que molestaba aún más a mi papá. Y esto ocurría con tal frecuencia que se llegó al punto de creer que yo padecía algún tipo de limitación auditiva y, en consecuencia, en varias ocasiones fui llevado a que me hicieran exámenes de oído. Cabe aclarar que ninguno de ellos salió negativo, según los doctores yo tenía una audición perfecta. Pero la situación era tan persistente y llegaba a tales extremos, que en ocasiones mi pobre papá, totalmente desesperado y enojado, me decía, “usted parece SORDO”.
Una anécdota personal para empezar:
“La Estrategia es la base fundamental o columna vertebral para el desempeño, el desarrollo y la sostenibilidad de una organización, es base para el gobierno y la dirección de la organización y se convierte en el referente, para orientar y alinear los esfuerzos de quienes la componen.
Recuerdo de mis años de colegio que una muy importante marca de bebidas gaseosas cambiaba tapas premiadas por yoyos con su logo estampado. Recuerdo también que, para incentivar el consumo de su bebida y dar interés a tan sencillo premio, organizaban un gran concurso en busca de jóvenes talentos, seleccionando los mejores para llevarlos a competir por un gran premio en un programa de televisión con cobertura nacional.
El trabajo en equipo se ha convertido en uno de esos temas paradigmáticos de la gestión organizacional sobre los que se encuentran múltiples alternativas y aproximaciones. El punto, claro está, es instaurarlo en las organizaciones pues sus beneficios resultan evidentes.