Etiqueta: Planeación Estratégica

Mil formas de lograr un resultado

Por Carlos Francisco Restrepo P

Michelin fue fundada en 1889 por los hermanos franceses Édouard y André Michelin en Francia. En sus inicios la compañía trabajó con productos de caucho y reparaciones, pero fue en 1891, cuando patentaron su primera llanta neumática desmontable, que revolucionó la industria automotriz, porque facilitó y agilizó la forma de reparar y usar neumáticos[1].

A comienzos del siglo XX, el automóvil era todavía un objeto raro y poco práctico. Según datos del Comité de Constructores Franceses de Automóviles (CCFA), en 1900 aún había menos de 3.000 automóviles en el país. No obstante, su uso era reducido y se limitaba a trayectos cortos.

Los hermanos entendieron que, si querían aumentar la demanda de su producto, era importante no solo esperar a que el mercado del automóvil creciera, sino impulsarlo y, más importante aún, fomentar su uso. La idea es simple: a viajes más largos, más kilómetros recorridos, lo que lleva a un mayor desgaste de las llantas y, en consecuencia, más llantas vendidas.

También comprendieron que el uso limitado del automóvil se debía en parte a desconfianza y en parte a conveniencia, con varias causas, entre ellas la falta de infraestructura, el mal estado de las vías existentes y el desconocimiento de las rutas existentes, el auge del ferrocarril y una percepción generalizada de que las llantas neumáticas no eran confiables (pues eran propensas a pinchazos) y que repararlas era especialmente difícil.

Así, para posicionar la idea de que viajar en auto era algo viable, y con ello impulsar su uso, en 1900 Michelin creó una guía gratuita con información práctica para conductores: mapas de rutas, listados de talleres, estaciones de gasolina, hoteles y buenos lugares donde comer.  

El resultado: Animó a más conductores a conducir y a más familias a comprar un automóvil.

La guía fue determinante para eliminar la creencia de que viajar en carro era una aventura riesgosa. Se redujo la incertidumbre y se cambió el paradigma, volviéndolo algo deseable y atractivo, especialmente porque los viajeros valoraban cada vez más las recomendaciones de restaurantes.

Sin duda alguna fue una gran estrategia. Enorme.

La Planeación Estratégica no ha muerto, pero quizás esté siendo malentendida

Por Carlos Francisco Restrepo P

La Planeación Estratégica no se trata de adivinar el futuro de una organización, pero sí de definir su rumbo, es decir, un marco general que delimita y orienta su esfuerzo estratégico.  Y esto es fundamental, pues si una organización no sabe a dónde va, no puede definir cómo avanzar y llegar allí; cualquier avance que realice podría realmente ser un retroceso; no podrá enfocar su energía; se volverá reactiva y se concentrará en lo urgente y ruidoso, pues ni siquiera sabrá qué es lo importante.

La Planeación Estratégica no implica anticipar las decisiones que la organización tomará en el futuro, pero si es reflexionar activamente sobre el futuro.  Por ende, no se trata de definir las rutas a recorrer o las acciones a realizar para crecer, afianzarse, conquistar, avanzar o cumplir con su objeto social y lograr los resultados que necesita/desea alcanzar en los siguientes años, o décadas. En mi parecer tal idea resulta un poco absurda, pues el nivel de incertidumbre sería demasiado alto, ya que el entorno no es estático y la competencia no es pasiva, así que cualquier supuesto que se hubiere contemplado respecto de una determinada ruta de acción, cualquier apuesta que se hiciere respecto de lo que se cree que va a pasar si elegimos un camino particular, podría no tener suficiente sustento, por tanto, perder valor rápidamente. Y esto se da, principalmente, porque no podemos anticipar todo lo que va a suceder, ello requeriría de un vidente, o tendría que construirse a partir de interpretaciones del entorno y de la realidad que probablemente estén incompletas (pues hay demasiadas variables en juego y demasiados cambios en movimiento) y además podrían estar un tanto sesgadas, pues están mediadas por nuestras ideas y prejuicios y por nuestra propia y particular manera de ver el mundo.

Sin embargo, planear estratégicamente si implica que se deben definir cuáles son los resultados deseados en un determinado periodo de tiempo, y, a partir de ello fijar las metas concretas que establecen con claridad qué es lo que se quiere y se debe lograr. Es decir, la Planeación Estratégica está más en el campo de los “qué”, que en el campo de los “cómo”.

El peligro e Importancia de Suponer

Por Carlos Francisco Restrepo P

No fue extraño que al volver a casa de una fiesta infantil mi hijo trajera consigo un pollito vivo; el animalito era como se supone que deben ser los pollitos: vulnerable, amarillo y esponjoso[1]. Al examinar los hechos, el frío de Bogotá, el que no tuviera su mamá gallina a su lado y la propia fragilidad del animalito, yo no hubiera apostado ni un centavo a que el animal lograra sobrevivir más de una semana, y si a esto se le suma mi propia experiencia de niño en la que ningún pollo que yo hubiera llevado a mi casa sobrevivió por más de 3 días, la verdad es que no había grandes expectativas de vida. Lo que nunca imaginé era que al segundo día mi hijo lanzara el animal con todas sus fuerzas por el aire y que en su caída el pobre pollo terminara chocando con una puerta. Al llegar a la escena del desastre, luego de escuchar el llanto desconsolado del niño, me encontré con el animalito tendido en el suelo, con el cuello torcido, apenas respirando. Al interrogar a mi hijo sobre lo sucedido, este señaló: “Es que yo supuse que sabía volar”

Es curioso que a tan corta edad haya usado la palabra “supuse”, por cuanto un supuesto es en esencia una hipótesis que creemos válida sobre algo o una conjetura sobre lo que consideramos cierto, y, desde tal lógica, es aquello que sustenta o fundamenta la verdad de una afirmación o justifica una acción. Por tanto, los supuestos subyacen a muchos aspectos de nuestro comportamiento y de nuestro actuar, son las columnas sobre las cuales edificamos nuestra verdad.