
Comienzo con una premisa: Los resultados, y por tanto el éxito, se alcanzan aprovechando oportunidades más que solucionando problemas
Este principio de la gestión organizacional, ampliamente difundido, y que ha sido claramente demostrado a lo largo de la historia [1], lanza un poderoso mensaje a los líderes y directivos de las organizaciones, en cuanto donde deberían concentrar su energía. En mi opinión quiere decir que la misión principal del líder, que es definir lo que debe ser hecho y crear las condiciones para hacerlo, se potencia en la medida que ello asegure para la organización la identificación y aprovechamiento de oportunidades que la proyecten con solidez hacia el futuro. También se deja entrever que el tiempo del directivo es demasiado valioso como para gastarlo en la minucia de solucionar problemas.
Sin embargo, resulta problemático, por decir menos, que las razones por las cuales la organización no identifica, no aprovecha, o desperdicia oportunidades, estén al interior de la misma organización, y que en muchas ocasiones los asuntos no resueltos, adquieren tal relevancia y protagonismo que ponen en riesgo su sostenibilidad.
Y problemático también resulta ser, que en muchas ocasiones las soluciones planteadas para dar respuesta a los problemas terminen siendo superficiales, insuficientes, o simplemente no acierten en cuanto a resolver la causa del problema.




En un mundo donde la mayor parte de lo que sucede está por fuera de nuestro control, la incertidumbre es la regla y hay múltiples tensiones opuestas, es normal que haya razones objetivas que expliquen por qué algo a lo que nos comprometimos, o algo que nos habíamos propuesto, no haya sido logrado; de hecho, a todos nos pasa. Sin embargo, creo que es problemático cuando, el no alcanzar resultados, es algo que ocurre de forma sistemática, y cuando las excusas o señalamientos, con un alto componente de subjetividad, se convierten en la norma para enfrentar o explicar lo sucedido.
Anori siempre fue un esquimal muy progresivo, desde muy pequeño afirmaba que el principal problema de su tribu, los Iñupiaq de Groenlandia, era el de rechazar el uso de la tecnología en la caza tradicional de narvales y focas leopardo. Decía que, al crecer, recorrería el mundo y aprendería el uso de las más modernas herramientas e invenciones humanas y las traería a la aldea para actualizar las tradiciones.
Pero sucedió que, el yate encalló en el hielo y su casco se rompió por el frío; el rifle apenas logró lastimar a la ballena, pues el primer disparo, por el frío al parecer, salió más alto de lo esperado, y su ruido alejó a todos los animales durante días; y las herramientas no pudieron operar porque en la aldea no había energía eléctrica.

