Procesos

Gobierno de Datos: clave para una adopción exitosa de IA

Por Carlos Francisco Restrepo P

Hace algún tiempo participé en una conversación con directivos de una gran organización del sector público en Colombia. Las áreas de Planeación, Gestión Humana y Tecnología estaban presentes en la mesa. El tema era la posible implementación de inteligencia artificial.

La conversación avanzó rápidamente hacia las oportunidades: automatización de procesos, eficiencia operativa, apoyo a la toma de decisiones y mejora de la experiencia de usuario. Todo parecía indicar que el ambiente era propicio para dar el siguiente paso.

Hasta que llegamos a los datos.

Fue entonces cuando aparecieron las dudas: No existe una única fuente para información crítica; Un mismo dato puede variar dependiendo del área consultada; A pesar de contar con un ERP robusto, mucha información relevante se encuentra dispersa en archivos personales, hojas de cálculo y computadores individuales, sin que la organización tenga claridad sobre quién es responsable de qué información, ni cuál debería ser la fuente oficial.

La conclusión fue inmediata: primero hay que organizar los datos y luego hablar de inteligencia artificial.

No obstante, la conversación continuó, tomando un rumbo diferente, ya que uno de los participantes señaló que varios trabajadores ya estaban utilizando herramientas de inteligencia artificial para apoyar su labor diaria, aclarando que algunos usan versiones gratuitas, mientras que, otros, cuentas personales pagas. En ambos casos se ha estado cargando información sensible de la organización en plataformas sobre las cuales la empresa no tiene ningún control.

Entonces surgieron algunas preguntas incómodas: ¿Puede la organización darse el lujo de esperar? ¿Cuál es el riesgo de no empezar a trabajar pronto en el tema? ¿Están nuestros competidores más adelantados? y en tal caso ¿cómo afectaría ello nuestra posición competitiva?

Concéntrate en el proceso, y también en el resultado

Por Carlos Francisco Restrepo P
Foto por Bob Brewer en https://unsplash.com/

Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una nariz sayón y escriba,

érase un pez espada muy barbado;

era un reloj de sol mal encarado,

érase una alquitara pensativa,

érase un elefante boca arriba,

era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,

érase una pirámide de Egipto,

las doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,

muchísimo nariz, nariz tan fiera

que en la cara de Anás fuera delito.

Tengo un vínculo personal con este texto, el famoso “soneto a una nariz”.  La cuestión es que mi mamá me lo leía con cierta frecuencia, afirmando, cada vez, que había sido escrito para mí. Seguramente fue por cuenta del prominente órgano que tengo pegado a mi cara.