Autor: Carlos Francisco Restrepo P

Mejores prácticas vs prácticas apropiadas

Por Carlos Francisco Restrepo P

EsquimalesAnori siempre fue un esquimal muy progresivo, desde muy pequeño afirmaba que el principal problema de su tribu, los Iñupiaq de Groenlandia, era el de rechazar el uso de la tecnología en la caza tradicional de narvales y focas leopardo. Decía que, al crecer, recorrería el mundo y aprendería el uso de las más modernas herramientas e invenciones humanas y las traería a la aldea para actualizar las tradiciones.

Tal como lo anunció, a la edad de 17 años, Anori salió a recorrer el mundo, y lo hizo durante casi 5 años. En Africa, conoció las más modernas armas de cacería, rifles con enormes cañones; en Europa, montó en uno de los más modernos yates para pesca y; en Norteamérica, conoció las más finas herramientas para el procesamiento y conservación de carnes y aceites de origen animal.

Perseverante como era, y con gran argumentación verbal, convenció a los ancianos de entregarle los recursos necesarios para comprar estas maravillas que prometían facilitar la faena y brindar prosperidad al pueblo.

yate encalladoPero sucedió que, el yate encalló en el hielo y su casco se rompió por el frío; el rifle apenas logró lastimar a la ballena, pues el primer disparo, por el frío al parecer, salió más alto de lo esperado, y su ruido alejó a todos los animales durante días; y las herramientas no pudieron operar porque en la aldea no había energía eléctrica.

Me parece que a Anori pudo haberle ocurrido como le sucede a los líderes de muchas organizaciones, que con buenas intenciones, tratan de implementar cambios para los que la organización no está preparada, o que no son los apropiados para sus contextos, y las cosas no siempre resultan como lo habían imaginado.

La Utopía del Emprendedor

Por Carlos Francisco Restrepo P

utopia

¿Para qué sirve la Utopía?

 Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré. 

¿Para qué sirve la Utopía? Para eso sirve: para caminar

Esta maravillosa descripción, expresada por el director de cine argentino Fernando Birri[1], deja en claro que la Utopía vive en el futuro, es demasiado lejana, y es por tanto inalcanzable; pero es a la vez motivadora, y tiene la capacidad de influenciar nuestras acciones en el presente.

Compartiendo un poco de mi experiencia personal debo decir que, en el pasado, cada una de las decisiones más importantes de mi vida las tomé pensando en el futuro, un futuro que se dibujaba a través de la Utopía. Cuando elegí la carrera que estudié, o cuando decidí dejarla atrás, cuando le propuse matrimonio a mi esposa, o cuando decidimos tener hijos, cuando acepté cambiar de trabajo, o cuando decidí abandonarlo para iniciar mi propio negocio. Todas estas decisiones tenían consigo una visión utópica del futuro, claramente positiva por demás, una visión de un mundo mejor a aquel en el que vivía.

Lo que hoy en día hago, donde he llegado, lo que tengo, es consecuencia, casi enteramente, de las decisiones que tomé en el pasado, y sin importar si en realidad llegué a vivir, a tener, a hacer o ser lo que soñaba cuando tomé dichas decisiones, el hecho es que la imagen del futuro que en su momento forjé es lo que me trajo aquí, y es la imagen que hoy tengo del futuro, la que me proyecta nuevamente, la que me hace tomar nuevas decisiones y la que me llevará allí donde he de llegar.

Una realidad dividida

Por Carlos Francisco Restrepo P

piezas de rompecabezas

En mi opinión resulta evidente que el concepto “izquierda” solo existe en la medida que hay un concepto “derecha” y viceversa, y sin embargo son vistos como contrarios. De hecho, al señalar la posición de algo como a la izquierda o a la derecha, hay que precisar un punto de referencia, pues algo puede estar a la derecha de un objeto y a la vez a la izquierda de otro.

Para reforzar esta idea pongo de presente que el cóncavo no existe sin el convexo, aunque de hecho ambos confluyen en una ola, el norte no existe sin el sur, y es claro que ambos forman parte de un territorio, así como el concepto de arriba no existe sin su antónimo, el abajo, y ambos necesitan de la gravedad para poder señalarse.

Adictos por lo urgente

Por Carlos Francisco Restrepo P

Matriz urgente e importante

Una lectura obligada, cuando de administración del tiempo se trata, es los Siete Hábitos de la gente Altamente Efectiva, de Stephen Covey. Allí al describir el tercer hábito, Covey nos presenta su matriz de 4 cuadrantes sobre la administración del tiempo.

Con su análisis, Covey pone de presente que en el ámbito laboral el tiempo siempre está presente, las metas de la organización se relacionan con el tiempo, y tratamos de prepararnos y anticiparnos al futuro proyectando escenarios, y a través de la planeación. En este ámbito, importante es todo aquello que nos conduce y nos va a ahorrar tiempo en el proceso de lograr los resultados que queremos, y urgente es todo aquello que distrae y presiona el tiempo para desplazar (temporal o indefinidamente) dichos resultados.

A pesar de la amplia difusión de este concepto, y los ingentes esfuerzos de planeación que la mayoría de las organizaciones hacen, he notado que en muchas de ellas, la gente pasa la mayor cantidad de su tiempo en los cuadrantes 1 y 3, sin importar el nivel en el que estén, su profesión, o la localización que tengan, y esto a pesar que, al cuestionarlos, son conscientes de la necesidad de dedicar más tiempo a los asuntos importantes.  De hecho, me parece, que muchas personas, en mayor o menor medida, actúan (de forma un tanto inconsciente quizás), como si quisieran estar allí (en los cuadrantes 1 y 3), como si buscaran la sensación de premura que la urgencia brinda, en vez de la tranquilidad que la administración efectiva del tiempo ofrece.

A esto se le llama “adicción por lo urgente”.

Basta con hacerse algunas preguntas para empezar a dilucidar si quizás uno mismo se haya contagiado de éste síndrome o si está presente en su organización.

La relatividad de nuestro tiempo

Por Carlos Francisco Restrepo P

EinsteinHace algún tiempo, mi esposa dirigía el área de servicio de una gran cadena de almacenes, en cada almacén había un punto de servicio, con una auxiliar, responsable de atender las inquietudes y necesidades de los clientes. Eran todas mujeres, chicas jóvenes, estudiantes universitarias en su mayoría. Una vez, con ocasión del día del amor y la amistad, mi señora decidió invitar a todo su equipo a celebrar en nuestra casa. Mi hija mayor, tendría unos 3 años, sabía que iba a haber una fiesta en la casa y, como era de esperarse, estaba muy emocionada;  cuando sonó el timbre, fue la primera en salir corriendo a abrir la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, y al abrirla gritó: “Llegaron las señoras”.  ¿Las señoras? pensé, si la mayor debe tener escasos 21 años. ¿Si ellas son señoras qué seré yo? Quedé en blanco, como cuando uno se golpea contra el vidrio de una puerta o ventana que no había visto. Fue la primera vez que me sentí viejo. Entendí la frase de Pablo Milanes: “El tiempo, el implacable, el que pasó”

En realidad no estaba viejo, ni siquiera me sentía débil, o lento, no me veía arrugado ni canoso, ni había perdido casi pelo, no tenía barriga, ni estrías, tenía un gran estado físico y claramente podía abusar de mi cuerpo sin aparentes consecuencias, de hecho mis niveles de colesterol, triglicéridos y todo lo demás estaban en cifras envidiables. Pero el punto es que hasta ese momento, mi vida había transcurrido tan rápido, que nunca me detuve a pensar en cuanto tiempo había pasado.  Tenía 33 años y mi vida había pasado en un parpadeo.

Si bien 33 años fueron para mí como un parpadeo, entiendo que es muchísimo tiempo y, visto hacia el futuro, parecen una eternidad. También entiendo que el tiempo no corre igual para todos, de hecho, como lo confirma la teoría de la relatividad de Einstein, el tiempo es relativo, pero no solo es relativo en una dimensión física, en relación con la velocidad de la luz, sino también en una dimensión humana, en relación con las situaciones que vivimos o el momento de nuestra vida en el que nos encontramos. Veamos:

La culpa es de la Inercia

Por Carlos Francisco Restrepo P

inercia

¿Qué fue lo que hizo que no alcanzara a frenar mi carro y me estrellara camino a Medellín quince días antes de mi matrimonio cuando iba con mi entonces novia y actual esposa a la prueba de su vestido? ¡La inoportuna inercia!

¿Qué fue lo que dificultó tremendamente que pudiera mover mi carro cuando me varé por gasolina y tuve que empujarlo 300 metros hasta la estación de servicio? ¡La pesada inercia!

¿Qué es lo que hizo que mi esposa se bajara de un color verdoso de las tazas locas cuando fuimos al parque de diversiones porque su estómago se movió de un lado al otro a lo largo de los 5 minutos de duración del juego? ¡La mareadora inercia!

Un arma para la innovación y el desarollo

Por Carlos Francisco Restrepo P

arma

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de escuchar una entrevista radial que hicieron a Temple Grandin, con ocasión de una película que se hizo sobre su vida. Llamó mi atención que se afirmó que ella era autista, pero la manera en que hablaba distaba mucho de la idea que yo tenía del autismo (basada casi totalmente en haber visto Rain man).  Me sorprendí aún más cuando dijeron que era Zóologa, que tenía un doctorado en ciencia animal, y que además era profesora universitaria.  No siendo suficiente, cuenta con varias patentes de artefactos que ayudan al bienestar animal, y a disminuir el sufrimiento de estos en mataderos.

Quién tiene el control?

Por Carlos Francisco Restrepo P

ControlLa primera vez que oí hablar de las Erinias o Furias, de la mitología griega y romana, me explicaron que en Grecia creían que estos seres poseían a personas inocentes y las hacían actuar de manera irracional. Por ello, cuando los griegos veían a una persona que estuviera totalmente fuera de control, creían que estaba poseído por estos malignos seres, es decir, no era la persona, eran las Furias actuando a través de ella, y eso, de alguna manera, justificaba sus actos y le podía excusar de sus crímenes. Mucho tiempo después cuando pude estudiar un poco de la mitología griega, me di cuenta que había vivido engañado, pues me encontré con que las Furias eran la personificación de la venganza y su rol era el de castigar criminales; no poseían a nadie. Debo confesar que me desilusioné un poco, puesto que, de pequeño, la historia de las Furias siempre sirvió para autojustificarme porque, debo reconocer que, muy a menudo, perdía el control de mí mismo, pero yo quería permanecer libre de culpa por ser una víctima de las Furias.

El líder que lidera desde el propósito

Por Carlos Francisco Restrepo P

Existe un cierto tipo de líder que tiene gran fuerza, que tiene la capacidad de transformar corazones, organizaciones e incluso naciones. Se trata de un tipo particular de liderazgo, que entrega algo en qué creer y crea las condiciones para hacerlo realidad.

Es un tipo de líder que cambia la percepción de las personas acerca de sus propias realidades, pues es perseverante, alienta esperanzas, y muestra valor ante las dificultades, haciendo que lo que parecía imposible ahora parezca posible; un líder que influencia una actitud propicia al cambio, porque se compromete a fondo; un líder que motiva a la acción porque actúa con total coherencia y se mantiene firme en la adversidad. Estamos hablando de un líder que lidera desde el propósito.

Este tipo de liderazgo no es algo nuevo, existen muchos casos ampliamente conocidos: Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Martin Luther King, entre otros, quienes dedicaron su vida a servir un propósito de gran importancia.

Liderar desde el propósito, la historia de un buen pescador

Por Carlos Francisco Restrepo P

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Hace algún tiempo, cuando mis hijos me preguntaron, qué significaba ser empresario, yo decidí contarles la siguiente historia:

“Luego de leer las aventuras de Tom Sawyer y las aventuras de Huckleberry Finn, libros de Mark Twain, un chico decidió aprender a pescar, pues era una de las habilidades específicas que un joven aventurero y travieso debe tener; en su imaginario la pesca resultaba ser la actividad determinante para planear aventuras, o para reposar luego de algún castigo recibido por cuenta de sus travesuras.